Sociedad de Historiadores

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26/06/2026

Abakua: La religión secreta de Cuba

26/06/2026

El camino rojo tolteca (Toltecayotl)

La cosmovisión tolteca, conocida contemporáneamente como Toltecáyotl, es entendida por diversos investigadores como el conjunto de conocimientos filosóficos, éticos, educativos y espirituales desarrollados por los pueblos del Anáhuac. El término fue estudiado y difundido académicamente por el historiador Miguel León-Portilla, quien definió la Toltecáyotl como la “esencia y conjunto de creaciones de los toltecas”. En la tradición nahua, la palabra tolteca no se refería únicamente a una etnia específica, sino a una persona culta, artista, sabia o conocedora de los misterios de la existencia. Para León-Portilla, la Toltecáyotl representa una filosofía de vida basada en la búsqueda de la verdad, la belleza y el equilibrio entre el ser humano y el cosmos.

Según el investigador Guillermo Marín Ruiz, la Toltecáyotl constituye el patrimonio filosófico más profundo de la civilización del Anáhuac. Marín sostiene que esta sabiduría fue preservada durante miles de años por los llamados toltecas, entendidos como hombres y mujeres de conocimiento dedicados al perfeccionamiento humano. Desde esta perspectiva, la finalidad de la vida no era la acumulación material ni el poder político, sino el desarrollo de la conciencia. El ser humano debía trabajar sobre sí mismo para alcanzar el equilibrio interior, el autocontrol y la armonía con las fuerzas de la naturaleza y del universo.

Uno de los conceptos fundamentales de la cosmovisión tolteca es el equilibrio. Guillermo Marín explica que la Toltecáyotl puede entenderse como “el arte de vivir en equilibrio” y como una ciencia del desarrollo interior. Este equilibrio se expresaba simbólicamente mediante la metáfora de “flor y canto” (in xóchitl in cuícatl), una fórmula filosófica que representaba la unión entre la belleza, la sabiduría y la verdad. La flor simbolizaba la perfección y la armonía, mientras que el canto representaba el conocimiento profundo. Alcanzar la condición de tolteca significaba vivir de acuerdo con estos principios y desarrollar una conciencia capaz de percibir la unidad de toda la existencia.

La educación ocupaba un lugar central dentro de la Toltecáyotl. De acuerdo con las investigaciones de Guillermo Marín, las instituciones educativas del Anáhuac buscaban formar seres humanos disciplinados, responsables y conscientes de su papel dentro de la comunidad. Escuelas como el Telpochcalli y el Calmécac transmitían conocimientos científicos, filosóficos, artísticos y espirituales. La meta educativa era la construcción de un “rostro propio y un corazón verdadero”, expresión nahua que aludía al desarrollo de una identidad sólida y una conducta ética. Esta formación integral permitía que cada persona contribuyera al bienestar colectivo y al mantenimiento del equilibrio cósmico.

Dentro de lo que algunos autores contemporáneos denominan el Camino Rojo Tolteca, la Toltecáyotl es interpretada como una senda de transformación espiritual basada en la observación de la naturaleza, la disciplina personal, la conexión con los ancestros y el respeto por todas las formas de vida. Aunque el término “Camino Rojo” es moderno y engloba diversas tradiciones indígenas de América, varios estudiosos y practicantes relacionan sus principios con valores presentes en la filosofía anahuaca: el servicio a la comunidad, la búsqueda del equilibrio, la responsabilidad personal y la comprensión de que el ser humano forma parte de una red sagrada de relaciones con la Tierra, el Sol y las fuerzas del universo.

La visión tolteca del cosmos concebía la realidad como un sistema dinámico de energías complementarias. La dualidad no era entendida como oposición absoluta, sino como una interacción constante entre fuerzas que generan movimiento y vida. Este principio puede observarse en numerosos conceptos nahuas relacionados con la complementariedad entre lo masculino y lo femenino, el día y la noche, la materia y el espíritu. La misión del ser humano consistía en mantener el equilibrio entre estas fuerzas mediante una vida consciente, ética y armoniosa. Los sabios nahuas, llamados tlamatinime, dedicaban su existencia a comprender estas leyes y transmitirlas a las generaciones futuras.

Dentro de la tradición de la Toltecáyotl, diversos autores contemporáneos como Guillermo Marín Ruiz han retomado el concepto de los naguales de conocimiento como hombres y mujeres que alcanzan un alto grado de desarrollo espiritual, sabiduría y conciencia. En esta visión, el nagual no es necesariamente un brujo que se transforma físicamente en animal, como aparece en algunas creencias populares, sino una persona que ha logrado dominar su ego, comprender las leyes de la naturaleza y servir como guía para su comunidad. Estos sabios son considerados guardianes de la memoria ancestral y transmisores de las enseñanzas filosóficas de la Toltecáyotl, entendida como el conjunto de conocimientos, valores y prácticas desarrolladas por los pueblos originarios del Anáhuac a lo largo de miles de años.

Los naguales de conocimiento recorren un camino de disciplina, autoconocimiento y equilibrio, buscando la armonía entre el ser humano, la comunidad, la naturaleza y las fuerzas sagradas del universo. Dentro de algunas corrientes vinculadas al Camino Rojo Tolteca, se les reconoce como personas capaces de percibir aspectos profundos de la realidad que permanecen ocultos para la conciencia ordinaria. Su labor consiste en orientar a otros en procesos de crecimiento espiritual mediante ceremonias, enseñanzas, reflexión ética y el fortalecimiento de la conciencia. Desde esta perspectiva, el nagual representa un ideal de transformación interior y de responsabilidad hacia la vida, más que la búsqueda de poderes sobrenaturales, convirtiéndose en un símbolo del conocimiento, la sabiduría y el servicio a la comunidad.

En conclusión, la Toltecáyotl representa una filosofía ancestral orientada al perfeccionamiento del ser humano y a la construcción de una vida en armonía con el universo. Tanto Miguel León-Portilla como Guillermo Marín Ruiz coinciden en que este legado constituye una de las expresiones más profundas del pensamiento del Anáhuac. Más que una religión o un sistema político, la cosmovisión tolteca propone una forma de vida basada en el conocimiento, la autodisciplina, la búsqueda de la verdad, el respeto a la naturaleza y el equilibrio interior. Por ello, muchos estudiosos contemporáneos consideran que la Toltecáyotl sigue siendo una fuente de reflexión para comprender las raíces filosóficas de México y de los pueblos originarios de América.

26/06/2026

•Los afrodescendientes de México

Les comparto este proyecto personal donde habló de los afrodescendientes de México, tomo muy en cuenta los orígenes históricos que van de la trata transatlantica de esclavos africanos y la integración de los afros a la sociedad. Por otra parte visualizo la invisivilización y parte de los problemas que sufre la población afromexicana de los últimos años.

En los últimos tiempos las demandas de los afromexicanos han crecido considerablemente, buscan ser tomados en cuenta con el propósito de poder hacer valer sus derechos. Los estudios del tema afrodescendiente de México han aumentado
considerablemente en lo que va del siglo XXI. Muchos académicos han analizado y desarrollado investigaciones sobre la historia y experiencias de personas que pertenecen a dicha comunidad.

La situación histórica de la comunidad afrodescendiente de México está marcada por una opresión sistemática por parte de quienes ostentan el poder político y económico. Uno de los problemas más grandes que afectan a estas personas es la racialización, es decir que son vistos como personas reducidas y desvalorizadas en varios aspectos como consecuencia de sus características físicas y culturales. Por lo tanto se han desarrollado en un espacio con dificultades a través del tiempo.

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24/06/2026

La sacerdotisa de Huautla de Jiménez

María Sabina fue una de las figuras más reconocidas de la medicina tradicional indígena de México. Nació en 1894 en la comunidad de Huautla de Jiménez, ubicada en la Sierra Mazateca de Oaxaca. Desde niña vivió en condiciones de pobreza y creció dentro de una familia que conservaba conocimientos ancestrales relacionados con la curación y el uso ceremonial de plantas y hongos sagrados. Con el tiempo se convirtió en una “sabia” o curandera respetada por su comunidad, atendiendo a personas que acudían a ella en busca de ayuda para enfermedades físicas, emocionales y espirituales.

María Sabina realizaba ceremonias conocidas como veladas, en las que utilizaba hongos psilocibios que ella llamaba “Niños Santos”. Durante estas ceremonias combinaba la ingestión ritual de los hongos con rezos, cantos sagrados y largas invocaciones en lengua mazateca. Según la tradición que ella practicaba, los hongos le permitían obtener conocimiento sobre el origen de una enfermedad y encontrar la forma adecuada de curarla. Para ella, los hongos no eran una droga recreativa, sino una medicina sagrada y una vía de comunicación con lo divino.

Respecto al espíritu o fuerza que la ayudaba a sanar, María Sabina afirmaba que durante las veladas recibía inspiración y conocimiento de entidades sagradas asociadas a los “Niños Santos”. En sus cantos mencionaba la presencia de Dios, santos, seres espirituales y fuerzas divinas que le revelaban información sobre los padecimientos de las personas. Dentro de la cosmovisión mazateca, ella era una intermediaria entre el mundo humano y el mundo espiritual, y consideraba que las palabras que pronunciaba durante sus ceremonias provenían de una sabiduría superior.

Su fama trascendió las montañas de Oaxaca después de que el banquero y micólogo estadounidense R. Gordon Wasson participara en una de sus veladas en 1955 y posteriormente publicara relatos sobre la experiencia. Esto atrajo a investigadores, artistas y viajeros de todo el mundo a Huautla de Jiménez. Sin embargo, María Sabina expresó en diversas ocasiones que la llegada masiva de visitantes alteró el carácter sagrado de las ceremonias y afectó profundamente a su comunidad.

María Sabina murió el 22 de noviembre de 1985, a los 91 años de edad, en su tierra natal. A pesar de haber vivido gran parte de su vida en condiciones humildes, su legado continúa siendo fundamental para comprender la medicina tradicional mazateca, el uso ceremonial de los hongos sagrados y la espiritualidad indígena de México. Hoy es considerada una de las curanderas más importantes de la historia mexicana y un símbolo cultural de la Sierra Mazateca.

23/06/2026

Dentro de la tradición de la Toltecáyotl, diversos autores contemporáneos como Guillermo Marín Ruiz han retomado el concepto de los naguales de conocimiento como hombres y mujeres que alcanzan un alto grado de desarrollo espiritual, sabiduría y conciencia.

En esta visión, el nagual no es necesariamente un brujo que se transforma físicamente en animal, como aparece en algunas creencias populares, sino una persona que ha logrado dominar su ego, comprender las leyes de la naturaleza y servir como guía para su comunidad. Estos sabios son considerados guardianes de la memoria ancestral y transmisores de las enseñanzas filosóficas de la Toltecáyotl, entendida como el conjunto de conocimientos, valores y prácticas desarrolladas por los pueblos originarios del Anáhuac a lo largo de miles de años.

Los naguales de conocimiento recorren un camino de disciplina, autoconocimiento y equilibrio, buscando la armonía entre el ser humano, la comunidad, la naturaleza y las fuerzas sagradas del universo. Dentro de algunas corrientes vinculadas al Camino Rojo Tolteca, se les reconoce como personas capaces de percibir aspectos profundos de la realidad que permanecen ocultos para la conciencia ordinaria.

Su labor consiste en orientar a otros en procesos de crecimiento espiritual mediante ceremonias, enseñanzas, reflexión ética y el fortalecimiento de la conciencia. Desde esta perspectiva, el nagual representa un ideal de transformación interior y de responsabilidad hacia la vida, más que la búsqueda de poderes sobrenaturales, convirtiéndose en un símbolo del conocimiento, la sabiduría y el servicio a la comunidad.

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18/06/2026

Óggún y la independencia de Haití

Durante los siglos XVII y XVIII, la colonia francesa de Saint-Domingue, actual Haití, fue uno de los territorios más ricos del mundo gracias a la producción de azúcar, café y otros productos agrícolas. Sin embargo, esta riqueza se sustentó en un sistema de esclavitud extremadamente violento impuesto por el colonialismo europeo. Cientos de miles de africanos fueron trasladados por la fuerza desde diversas regiones de África occidental para trabajar en las plantaciones bajo condiciones inhumanas. Diversos historiadores coinciden en que la brutalidad de este sistema generó las condiciones que desembocarían en la Revolución Haitiana de 1791.

Entre los pueblos africanos llevados a Haití se encontraban numerosos yorubas, quienes veneraban al orisha Oggún (u Ogun), divinidad del hierro, la guerra, la tecnología, la justicia y los caminos. Con el paso del tiempo, sus creencias se fusionaron con otras tradiciones africanas y elementos del catolicismo, dando origen al Vodou haitiano. En esta religión, Oggún pasó a ser conocido como Ogou, una importante familia de lwa o espíritus guerreros asociados con la fuerza, la disciplina, el combate y el liderazgo.

La tradición histórica haitiana señala que, la noche del 14 de agosto de 1791, se celebró la famosa ceremonia de Bois Caïman, considerada por muchos investigadores como el acontecimiento simbólico que dio inicio a la Revolución Haitiana. En dicha reunión participaron esclavizados africanos liderados por Dutty Boukman y la sacerdotisa Cécile Fatiman. Durante la ceremonia se realizó el sacrificio ritual de un cerdo negro y se compartió su sangre entre los participantes como parte de un juramento colectivo para luchar contra la esclavitud y la dominación colonial francesa.

Aunque las fuentes históricas no coinciden completamente sobre qué lwa fueron invocados aquella noche, la tradición vodou relaciona el espíritu de resistencia y guerra de Ogou con la lucha revolucionaria. Debido a que Ogou representa el hierro, las armas, la valentía y la victoria en el combate, numerosos estudios sobre el Vodou haitiano destacan que este lwa se convirtió en un símbolo espiritual para los insurgentes que enfrentaban el poder militar europeo. Su influencia se manifestó principalmente como inspiración moral y espiritual para quienes buscaban la libertad.

La insurrección iniciada en 1791 se transformó en la mayor rebelión de esclavos de la historia moderna. Durante más de una década, los revolucionarios haitianos combatieron a Francia, España y Gran Bretaña hasta lograr la independencia el 1 de enero de 1804 bajo el liderazgo de Jean-Jacques Dessalines. Este acontecimiento convirtió a Haití en la primera república negra independiente del mundo y en el único caso exitoso de una revolución de esclavos que logró fundar un Estado soberano.

Después de la independencia, el Vodou quedó profundamente arraigado en la identidad cultural haitiana. Aunque el nuevo Estado adoptó oficialmente el catolicismo durante gran parte de su historia, las prácticas religiosas vinculadas a los lwa continuaron desarrollándose entre la población. Entre los cultos más importantes permaneció el de Ogou, considerado protector de soldados, líderes, trabajadores del hierro y personas que luchan por la justicia y la defensa de su comunidad.

Actualmente, la relación entre Ogou y la independencia haitiana sigue ocupando un lugar destacado en la memoria histórica y religiosa del país. Para muchos practicantes del Vodou, la Revolución Haitiana no fue solamente un conflicto militar y político, sino también un proceso espiritual de liberación frente a la esclavitud y el colonialismo europeo. Por ello, figuras como Boukman, Cécile Fatiman y los lwa guerreros, especialmente Ogou, continúan siendo recordados como símbolos de resistencia, dignidad y libertad dentro de la tradición haitiana.

Fuentes y autores recomendados:
1.-Carolyn E. Fick – The Making of Haiti: The Saint Domingue Revolution from Below (1990).
2.-David Patrick Geggus – Haitian Revolutionary Studies (2002).
3.-Laurent Dubois – Avengers of the New World: The Story of the Haitian Revolution (2004).
4.-Michel S. Laguerre – Voodoo and Politics in Haiti (1989).
5.-Marlene L. Daut – investigaciones sobre la Revolución Haitiana y la memoria histórica de Bois Caïman. (The Washington Post)
6.-Elizabeth McAlister – estudios sobre Vodou haitiano y religión afroatlántica.
7.-Leslie G. Desmangles – The Faces of the Gods: Vodou and Roman Catholicism in Haiti (1992).

16/06/2026

La danza africana que se baila en Oaxaca

La Danza de los Diablos de la Costa Chica de Oaxaca es una de las expresiones culturales y dancísticas más emblemáticas del folclor afromexicano. Esta manifestación artística y ritual se baila principalmente durante las festividades del Día de Mu***os, los días 1 y 2 de noviembre, en diversos municipios costeños.

A través de enérgicos zapateados, música tradicional y máscaras de aspectos feroces, los danzantes rinden tributo a sus antepasados. La danza no solo representa una celebración festiva, sino también un poderoso símbolo de resistencia e identidad para las comunidades afrodescendientes que han habitado esta región por siglos.

Canal de Youtube:
https://youtube.com/?si=HCxC0nyDyG791pn2

Canal de Tiktok:
https://www.tiktok.com/?_r=1&_t=ZS-97DIdXioy1A

12/06/2026

La danza secreta de los pueblos nativos de Norte América

La Danza del Sol es una ceremonia espiritual practicada históricamente por diversos pueblos indígenas de las Grandes Llanuras de Norteamérica, como los lakota, cheyenne, arapaho y otras naciones originarias. Su origen se remonta a tiempos ancestrales y constituye un rito de renovación, sacrificio, oración y fortalecimiento de los vínculos entre la comunidad, la naturaleza y lo sagrado.

Durante varios días, los participantes realizan ayuno, cantos, danzas y ceremonias alrededor de un árbol central que simboliza la conexión entre la Tierra y el mundo espiritual. Para muchas comunidades indígenas, la Danza del Sol representa un acto de entrega personal en busca de equilibrio, sanación, fortaleza y bienestar colectivo, además de ser una expresión fundamental de identidad cultural y resistencia frente a los procesos históricos de colonización y prohibición de las prácticas tradicionales.

08/06/2026

Regla de Osha-Ifa

La Regla de Osha-Ifá es una tradición religiosa afrodescendiente que tiene sus raíces en la cultura y espiritualidad del pueblo yoruba de África occidental, especialmente en territorios que actualmente forman parte de Nigeria, Benín y Togo. Durante el período del comercio transatlántico de esclavos, que incio oficialmente en el siglo XVI, miles de africanos fueron trasladados por la fuerza a América. Entre ellos se encontraban numerosos yorubas que llevaron consigo sus creencias, rituales, cantos, conocimientos sagrados y la veneración a los orishas, las divinidades que representan las fuerzas de la naturaleza y los aspectos fundamentales de la vida humana.

Al llegar al Caribe, especialmente a Cuba, los africanos esclavizados enfrentaron la prohibición de practicar libremente sus religiones. Para preservar sus tradiciones espirituales, desarrollaron estrategias de resistencia cultural que les permitieron mantener vivo su legado religioso. Una de estas estrategias fue asociar a los orishas con figuras del santoral católico, proceso conocido como sincretismo religioso. Gracias a ello, los practicantes pudieron continuar venerando a sus deidades mientras aparentaban seguir las prácticas religiosas impuestas por la sociedad colonial.

La parte conocida como Osha se centra en el culto a los orishas, quienes son considerados intermediarios entre Olodumare, el ser supremo creador del universo, y los seres humanos. Cada orisha posee características, colores, símbolos y atributos específicos, además de estar vinculado con elementos de la naturaleza. Entre los más venerados se encuentran Obatalá, Changó, Yemayá, Ochún, Oyá, Ogún, Elegguá y Ochosi. A través de ceremonias, ofrendas, cantos y rituales, los creyentes buscan fortalecer su vínculo espiritual con estas divinidades y recibir su protección y orientación.

El sistema de adivinación de Orula, conocido como Ifá, es una tradición sagrada originaria del pueblo yoruba de África occidental y constituye uno de los pilares fundamentales de la Regla de Osha-Ifá. Orula u Orunmila es el orisha de la sabiduría, el conocimiento y el destino, considerado testigo de la creación del universo y conocedor del destino de todos los seres humanos. A través de Ifá, los creyentes buscan orientación espiritual para comprender situaciones de su vida, tomar decisiones importantes y encontrar soluciones a problemas relacionados con la salud, el trabajo, la familia y el desarrollo personal.

La consulta de Ifá es realizada por sacerdotes especializados llamados babalawos, quienes interpretan los signos sagrados obtenidos mediante instrumentos tradicionales como el ékuele o el tablero de Ifá. Cada signo contiene enseñanzas, relatos, consejos y advertencias transmitidos durante generaciones dentro de la tradición yoruba. Según esta creencia, las recomendaciones y ebbó (ofrendas o acciones rituales) indicadas durante la consulta ayudan a la persona a mantener el equilibrio con las fuerzas espirituales y a transitar de manera más favorable por el camino de su destino.

Por su parte, Ifá constituye un sistema de conocimiento, adivinación y sabiduría asociado a Orunmila, el orisha testigo de la creación y dueño de los secretos del destino. Los sacerdotes de Ifá, conocidos como babalawos, interpretan los signos sagrados mediante diversos métodos tradicionales para orientar a las personas en aspectos relacionados con su vida, salud, relaciones y desarrollo espiritual. Los relatos, enseñanzas y consejos contenidos en los signos de Ifá conforman una vasta tradición oral que ha sido transmitida durante generaciones.

A lo largo de los siglos XX y XXI, la Regla de Osha-Ifá trascendió las fronteras de Cuba y se expandió hacia diversos países de América, Europa y otras regiones del mundo. Actualmente es reconocida como una importante manifestación de la herencia cultural africana en la diáspora, conservando muchos elementos de la tradición yoruba original mientras incorpora características propias de los contextos históricos donde se desarrolló. Más que una religión, constituye también un sistema cultural y filosófico que resalta la importancia del equilibrio, el respeto a la naturaleza, la comunidad y la búsqueda constante de armonía entre los seres humanos y las fuerzas espirituales que gobiernan el universo.

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